¿Qué historia de vida te cuentas?

Tu pasado, presente y futuro no te hacen sufrir, es el significado que les sigues dando

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Todos conocemos a alguien que habla de su niñez o adolescencia como si hubiera sobrevivido a las películas de “SAW”: pura masacre, sufrimiento, mentadas de madre, quejas e injusticias. Pero curiosamente su hermano, quien creció prácticamente a su lado, te la cuenta de la manera más opuesta y hasta ríe. ¿A quién creerle?

Probablemente a ambos. Porque los seres humanos “no vivimos los hechos, sino lo que los hechos significan en nuestro escenario interno de conciencia”. -Dr. Alfonso Ruiz Soto®

Esto es algo fascinante, porque nuestra vida no está formada únicamente por acontecimientos, sino por los diferentes significados que nosotros mismos construimos de esos acontecimientos. Muchas de las veces vamos cargando nuestra historia de vida pasada sobre la espalda como si fuera una enorme piedra, cuando lo que realmente cargamos, es el significado que le damos a esa piedra.


La memoria no es una colección de arte representada en lo que vivo, sino el artista mismo que la crea

Cada vez que recordamos algo, nuestra memoria vuelve a recrearlo. “La memoria es un escenario de representación”. Es como en el arte, donde los lienzos son los hechos, y el pincel va dibujando, pero también desdibujando lo que vamos recordando y lo que vamos olvidando. Al final, no recordamos la historia que fue impresa en ese lienzo y que para nosotros fue trágica, sino la historia que nuestra memoria recreó en el significado que le dio. O mejor dicho, que yo decidí darle.

Dos líneas invisibles que sostienen nuestra vida

En Semiología de la Vida Cotidiana® existen dos conceptos profundamente reveladores: el Eje Diacrónico y el Eje Sincrónico.

El primero, representa la secuencia de acontecimientos que conforman nuestra historia personal. Es el recorrido de nuestro pasado, la novela completa que hemos ido escribiendo desde que nacimos.

El segundo, representa todo aquello que está ocurriendo aquí y ahora. Es el escenario del presente y la secuencia de acontecimientos que hoy vivimos, las decisiones que tomamos, la manera en que amamos, discutimos y aprendemos. La forma en que seguimos creciendo o no.

Esto podría parecer una simple visión y división entre tu pasado y presente, pero ocurre algo muy curioso y mucho más interesante, ambos ejes están dialogando constante e incesantemente entre sí.

El pasado no es estático

Aunque solemos imaginar el pasado como algo terminado, en realidad sigue estando vivo. No porque los hechos cambien, sino porque cambia la manera de observarlos en el significado que les das. Por ejemplo:

Piensa en una fotografía tuya de hace diez años. La imagen es exactamente igual. Lo que cambia es la manera en que la miras ahora. Quizá antes te veías como alguien inseguro y con miedo; hoy tal vez ves a alguien más seguro de sí mismo comprendiendo que hizo todo lo que pudo con las herramientas que tenía. Y la fotografía jamás cambió. ¿No es así? Cambió la conciencia desde donde tú la observas.

Eso significa que nuestro Eje Diacrónico no es un cementerio de recuerdos; es dinámico, es el espacio vivo donde continuamente resignificamos nuestra historia.

Sin memoria el presente se evanece

Imagina despertar mañana sin recordar absolutamente nada, no saber quién eres, no reconocer a tu esposa, tu familia, ni siquiera a tu suegra (qué mejor dirás tú) o a tu amado gato.

Nuestra identidad depende profundamente de la memoria. Gracias a ella construimos nuestro autoconcepto: esa idea que tenemos acerca de quiénes somos. A partir de esta supuesta realidad, cuestiónate esto:

¿Podría ser que el autoconcepto que ahora no recuerdas se basó en una percepción equivocada de ti mismo?

¿Cuántas personas crees que viven convencidas de ser insuficientes solo porque alguien más les hizo el comentario?

¿Cuántas personas siguen obedeciendo una etiqueta que alguien más les colocó cuando apenas eran niños? O, a lo mejor fuiste tú mismo quien lo hizo. Ya despégatela, todo eso no eres tú.

Mujer inconforme al ver sus fotografías del pasado, sin comprender que no son los hechos sino lo que los hechos significan en su escenario interno de concienciencia lo que la está haciendo sufrir.

El presente también se puede resignificar

No sólo interpretamos el pasado. También interpretamos todo lo que ocurre hoy:

Mensajes de texto, “me dejó en visto”, “no me pela”, “se tardó mucho en contestar”, “me está rechazando”, etc., cuando la persona simplemente está ocupada.

Las críticas también son constructivas cuando no las sientes como ataques y te ayudan a crecer.

Los hechos suelen ser mucho más pequeños que las historias que nosotros nos contamos de esos hechos. Y esas historias terminan por crear un caos interno en nosotros mismos; pensamientos catastrofistas, emociones negativas y actos locos que jamás haríamos estando conscientes. Obsérvate y reconstruye tu actitud con un nuevo pensamiento. Regresa a ti y sal de las respuestas mecánicas de lo que crees que es cuando las consecuencias te están diciendo lo contrario porque sufres o generas problemas en tu vida y en la vida de los demás.  

Tu historia futura también la creas

Así como interpretamos el pasado y el presente, también lo hacemos con el futuro.

Cuando alguien dice:

"Es que no voy a poder. Mi vida es complicada".

No está describiendo el futuro. Lo está interpretando.

Cuando una persona afirma:

"No sé cómo le voy a hacer, pero encontraré la forma. Yo confío". Tampoco está describiendo el futuro. Está sembrando una posibilidad distinta.

Nuestra conciencia está proyectando escenarios futuros todo el tiempo a partir del significado que le otorga al pasado y al presente. Por eso el universo es de una y de todas las formas posibles. Lo que se dice, “cada cabeza es un mundo”, “tu percepción no es mi realidad”, etc., puesto que todos de manera distinta, construimos internamente, significados diferentes de lo que ocurre en nuestras vidas.  

El punto donde todo cambia

Existe un momento extraordinario cuando el Eje Diacrónico y el Eje Sincrónico los percibo desde el instante presente. Es aquí donde de manera consciente, puedo mirar mi historia sin convertirme en su esclavo. Es aquí donde descubro que los hechos ya ocurrieron, pero el significado aún puede recrearse, de hecho, no solo una vez, sino infinitas veces. Es cuando tú decides renacer a cada instante sin condenarte tú mismo, tú misma, a una etiqueta impuesta, o mejor dicho, autoimpuesta.

No podemos cambiar nuestra infancia. No podemos modificar la pérdida de un ser amado, no podemos borrar los errores cometidos, etc., etc., etc. Pero lo que sí se puede, es cambiar desde el presente la manera de darle un significado diferente a esos acontecimientos y comenzar el esbozo de una nueva historia con una nueva actitud de ser en el mundo.

 Y eso, lo cambia absolutamente todo.

Regresar a la percepción de mi historia de vida desde un nuevo significado que me permita sentirme agradecido no importando lo ocurrido.

Reconciliarse con la propia historia

Muchas personas consideran que sanar consiste en olvidar. Otras dicen, “perdono pero nunca olvido”; bastando con simplemente recordar lo ocurrido y sentirse otra vez mal.  

Sanar, puede significar también que en menor o mayor medida seguiré recordando, pero ya no sufriendo; recordar comprendiendo; recordar aprendiendo; recordar agradeciendo. Incluso aquello que en algún momento parecía imposible de aceptar, pero que cuando finalmente decidí hacerlo, me transformé por completo convirtiéndome en una mejor persona, con la gran posibilidad además, de saber perdonar.

Cuando transformamos el significado de nuestro pasado, cambia la percepción de nuestro presente, y cuando nuestro presente cambia, inevitablemente comienza a cambiar la forma de percibir el futuro que imaginamos; que por muy incierto e indescifrable que es, lo puedo entonces concebir sin que me angustie por ser desconocido, construyendo un pensamiento lúcido de esperanza y de aceptación plena de lo que venga.

Al final, nuestra vida no está escrita únicamente por lo que nos ocurrió, está escrita, sobre todo, por la manera en que decidimos percibir lo que ocurrió. Esta es una de las experiencias más grandes de libertad que puede vivir el ser humano.

No siempre podemos elegir los acontecimientos que llegan a nuestra vida, pero sí podemos elegir el significado que les damos. Y en esa elección tan íntima y cotidiana; profundamente humana, comienza la genuina reconciliación con nosotros mismos.


Si este post te permitió abrir la puerta hacia la reconciliación con tu historia, por favor compártelo con alguien más para que pueda abrirse a hacer lo mismo.

Y si te interesa conocer más o tener una consulta para tratar lo relativo a este tema o cualquier otro en tu vida, contáctame. Con mucho gusto te escucho.

Muchas gracias por leer.

Nota del autor: 

Algunas de las nociones compartidas con la audiencia en este fragmento, forman parte fundamental de una categoría de temas mayores y más profundos que se estudian en Semiología de la Vida Cotidiana®.

Referencias

Ruiz, A. (2025) El Conocimiento de Uno Mismo. Curso I. “El Conocimiento de Uno Mismo”. México.

Recuperado de:

https://semiologia.online/


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