¿Eres realmente quien crees ser?
El encuentro entre tu naturaleza y tu historia
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Hay una pregunta que puede resultar incómoda pero también liberadora:
¿Cuánto de lo que crees ser realmente nació contigo y cuánto es lo que aprendiste?
Desde que somos concebidos y llegamos al mundo, traemos una especie de “materia prima” biológica: características genéticas; maneras de comportarnos, nivel y naturaleza de energía, polaridad, etc., que forman parte de un diseño genético. No llegamos siendo un lienzo en blanco sino que traemos una preconfiguración genética que se va desenvolviendo frente a nuestros propios ojos conforme pasa el tiempo y vamos creciendo. Pero sobre todo, conforme nos vamos autoobservando y conociendo más a nosotros mismos. Tendencias motrices, emocionales y racionales que de antemano muestran una proclividad hacia un determinado actuar y hacia la percepción de nuestro entorno.
Nacemos además dentro de una familia, dentro de una cultura y una sociedad determinadas con reglas a seguir, creencias, tradiciones, expectativas, modas y formas particulares de entender lo que significa, por ejemplo; “ser una buena persona”, “tener éxito”, “ser hombre”, “vestirse bien”, “ser mujer”, “tener muchos amigos”, “ser responsable”, “ser fuerte”, y por supuesto, “ser feliz”. Y con esto, comienza una fascinante transformación.
Nacemos con un código y aprendemos otro
Nuestro potencial humano puede entenderse como el código genético: una estructura que contiene determinadas posibilidades de desarrollo en la vida. Siendo este nuestro punto de partida.
Sin embargo, ese potencial no se desarrolla en el vacío. Desde nuestros primeros años entra en contacto con un principio de realidad. Aquí nuevamente: la familia que nos recibe, la escuela a la que asistimos y la sociedad en general que nos educan y nos van condicionando:
“Así es como debes ser”.
“Esto está bien, esto no”.
“Compórtate de esta forma”.
“No llores”.
“Tienes que ser fuerte”.
“Debes agradar a los demás”.
“No puedes equivocarte”, etc., etc., etc., etc., etc.
Poco a poco, nuestra psique va incorporando estos mensajes, y va construyendo un cierto tipo de lenguaje aprendido. Siendo como lo llamamos en Semiología de la Vida Cotidiana®: el Código Cultural. Apareciendo aquí una de las grandes paradojas de nuestra existencia humana:
Mucho de lo que aprendimos para adaptarnos al mundo, puede terminar alejándonos de quienes realmente somos.
La imagen desdibujada de lo que genuinamente soy. Los condicionamientos educativos que generan una falsa personalidad y entonces sufro.
Tu personalidad también cuenta una historia
La interacción entre nuestro código genético y nuestro código cultural va dando forma a nuestra personalidad. Es decir, no somos solamente lo que traemos de nacimiento, pero tampoco somos exclusivamente lo que aprendimos.
Somos el resultado de un encuentro permanente entre nuestra naturaleza y nuestra historia.
En este proceso, aparece entonces, lo que denominamos también en Semiología de la Vida Cotidiana®, el Actante Biológico, siendo nada más y nada menos que la forma en que cada uno de nosotros damos a conocer las características de nuestro código genético al momento de interactuar con la vida. Cada personas ES de cierta manera.
Es aquella expresión de nuestro potencial humano que, así como contiene fortalezas o lados fuertes, también contiene debilidades o lados débiles que requerimos transformar para desarrollar.
Sobre este actante biológico, se va construyendo un personaje: el “Actante Cultural”, siendo aquel que vamos a su vez manifestando a partir de las respuestas mecánicas (estímulo-reacción) configuradas por los condicionamientos educativos que aprendemos desde la más temprana edad, y que particularmente van construyendo además, una percepción distorsionada de nosotros mismos que nos lleva a experimentar sufrimiento.
A esta versión distorsionada de nosotros mismos, le llamamos “Imaginario”. “El Imaginario es aquel que creo ser, pero no soy” (Ruiz, 2025). Es aquel que lleva a una persona a pasar muy buena parte de su vida intentando demostrar algo o alguien que no es:
Demostrar que son inteligentes; que son fuertes; que son exitosas; que son indispensables; que son buenas personas; que merecen amor; que tienen la razón; que no necesitan a nadie, etc., etc., etc., etc., etc.
Pero ¿quién está viviendo realmente tu vida?
¿La persona que eres o el personaje que aprendiste a construir?
Cuando el personaje toma el control, la persona está herida, y es susceptible a ciertos estímulos, los que sean: a la crítica, al control, a los gritos, al abandono, a la impuntualidad, a la improductividad, a la injusticia, a la pobreza, a la riqueza, a la abundancia, a la felicidad, al caos, a la paz, etc.
Cuando una experiencia toca esa herida, podemos reaccionar automáticamente desde nuestros condicionamientos. No necesariamente respondemos desde nuestra conciencia, por el contrario; muchas veces responde nuestro personaje que a como dé lugar requiere defenderse y ponerse a salvo porque tiene miedo.
Podemos también sentirnos rechazados, atacados, ignorados, descalificados o poco valorados, aunque quizá la realidad no sea exactamente como la estamos interpretando. El problema no siempre está en lo que nos sucede, sino en el significado que los condicionamientos construyen alrededor de lo que ocurre.
Por eso, conocernos a nosotros mismos implica mucho más que identificar nuestros gustos, habilidades y hobbies, o nuestras características personales; implica comenzar a distinguir entre lo que somos realmente y lo que aprendimos a ser.
Volver a nuestra naturaleza
Lo que te propongo está planteado desde la perspectiva del conocimiento de tu Actante Biológico (tu código genético), para poder reconocer tus potenciales y aprender a desarrollarlos, a equilibrarlos y a complementarlos.
No se trata de convertirnos en alguien diferente, se trata paradójicamente, de dejar de alejarnos de nosotros mismos. Porque cuando reconocemos nuestra propia naturaleza humana, podemos comenzar a cuestionar aquellos condicionamientos culturales que nos limitan e inhiben nuestro crecimiento, manteniéndonos atrapados en personajes que quizá fueron necesarios en algún momento de la vida, pero que hoy ya no lo son.
Reconocer tus características genéticas, es volver a nacer y descubrir tu verdadera identidad.
Conocerte a ti mismo no significa descubrir quién deberías ser, sinodescubrir quién eres realmente más allá de las capas de condicionamientos adquiridos que han generado expectativas, miedos, exigencias y etiquetas: al personaje. Y entonces comprender que descubrir tu propio ser, es conocerte puntualmente al conocer también tu naturaleza genética y crecer individualmente para relacionarte con tu vida desde lo que genuinamente eres y no desde lo que alguien más espera, cree o exige de ti. Sintiéndote cada vez más libre y dispuesta también a respetar la historia de vida de cada quien.
Si leíste este post a prisa, o te conmovió emocionalmente, o lo leíste con todo detenimiento y atención; eso está manifestando tus más profundas características genéticas. Por favor sé generoso y ayúdame a compartirlo con quien tú consideres pueda enriquecerse con él.
Y si te interesa conocer tu código genético en consulta para desarrollarlo a fondo, contáctame.
Muchas gracias por leer.
Nota del autor:
Algunas de las nociones compartidas con la audiencia en este fragmento, forman parte fundamental de una categoría de temas mayores y más profundos que se estudian en Semiología de la Vida Cotidiana®.
Referencias
Ruiz, A. (2025) El Conocimiento de Uno Mismo. Curso I. “El Conocimiento de Uno Mismo”. México.
Recuperado de:
https://semiologia.online/